No está mal que Vargas Llosa esté orgulloso del neoliberalismo o emita su punto de vista sobre las elecciones en México. Al final se trata de una persona que quiere el bien, desde su muy peculiar punto de vista.
Lo que sorprende es que se trate de un escritor latinoamericano y que exista tal falta de sensibilidad al apoyar abiertamente una guerra, al hablar de política de forma tan parcial cada vez que asiste a una entrega de premios o a una conferencia y al no ayudarnos a sus lectores a separar entre su obra y su ideología. Nos la pone difícil este premio nobel de “la paz”.
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