jueves, 7 de junio de 2012

La responsabilidad pesada


Lo más comprensible es que en un problema tan heterogéneo y con tantos matices, con tantos dimes y diretes, con tantos muertos, persistan dos sopas.

Hay gente que defiende las balas disparadas bajo la creencia de que a largo plazo se cosecharán los frutos. Hay gente que vela al presente y levanta la voz contra los tristes sucesos que ocurren en este momento.

Existe algo que rompe la tensión; la realidad actual. Los resultados a corto, mediano o largo plazo, pasan a ser lo que son, momentos indefinidos. El presente grita y se manifiesta.

Jugando con números fríos, hay 60’000 fantasmas más que hace 6 años (según las cifras oficiales).

El promedio de integrantes en cada familia mexicana es de 4 personas, entonces (2x4=24) hay 240’000 personas afectadas por un deceso en su familia nuclear.

Esas 240’000 víctimas conocían a muchas más personas, ahí sí es incalculable el número de afectados indirectos.

Todos esos millones de receptores están conscientes del desastre, estas “víctimas colaterales” tienen nombres, apellidos, edades, opiniones y sentimientos que justifican y legitiman cualquier reclamo al ejecutor de esta guerra.

Nadie es prescindible en esta democracia fallida, nadie es reductible a un número, a una tendencia ni a una categoría improvisada por un gobierno sin pies ni cabeza, ninguna guerra es la respuesta a los problemas sociales, ningún estadista puede ver a los ojos y sostener su opinión ante un afectado.

El rumbo no se corrigió… el problema quedará para el que sigue. Por ahí se escucha un eco que clama juicio político.

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