Ucrania, Nigeria, Venezuela, Irak, el país…
Michoacán, Tamaulipas, la esquina…
Mundial, reformas, migración, el corazón…
¿Y si dejamos de nadar contracorriente? Quizás es posible
aceptar las paradojas macabras de la vida y sumergirnos en el mundo
contradictorio que nos tocó.
Pero.
Basta con que se asomen indicios de injusticia o que se toquen
fibras frágiles que recuerden sufrimientos cercanos para que se encienda la
chispa de la nostalgia a las ideas de liberté,
egalité, fraternité. Somos unos románticos asimilados, mescolanza
posmoderna, masa crítica y criticona que aún guarda recuerdos empolvados de teorías
y movimientos que reclaman algo más.
Ya sea por convicción o por moda, tenemos que seguir siendo
necios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario