viernes, 20 de junio de 2014

Queixa

Ucrania, Nigeria, Venezuela, Irak, el país…

Michoacán, Tamaulipas, la esquina…

Mundial, reformas, migración, el corazón…

¿Y si dejamos de nadar contracorriente? Quizás es posible aceptar las paradojas macabras de la vida y sumergirnos en el mundo contradictorio que nos tocó. 

Pero.

Basta con que se asomen indicios de injusticia o que se toquen fibras frágiles que recuerden sufrimientos cercanos para que se encienda la chispa de la nostalgia a las ideas de liberté, egalité, fraternité. Somos unos románticos asimilados, mescolanza posmoderna, masa crítica y criticona que aún guarda recuerdos empolvados de teorías y movimientos que reclaman algo más.

Ya sea por convicción o por moda, tenemos que seguir siendo necios. 

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