martes, 11 de noviembre de 2014

Río de calabacitas

Hace tiempo nos imaginábamos varios escenarios en la evolución del conflicto: ¿El narcomenudeo le ganará terreno a los grandes cárteles? ¿La violencia se irá desplazando hacia el sur? ¿Los siguientes gobiernos intentarán pactar? 

Tristemente todo esto se ha ido calcando sobre el país. Hoy es Guerrero, hace un año era Michoacán, un poco antes era Tamaulipas. La tragedia de Iguala es un balde de agua helada que apaga la euforia por las reformas y nos despierta como sociedad. 

Tengo esperanza de que este evento ponga un punto y aparte en el párrafo que venimos escribiendo desde hace unos años. 
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Los problemas son viejos y están enraizados: corrupción, impunidad, pobreza... Para resolverlos se necesitan mucho tiempo y mucho esfuerzo. 

Pero hubo una decisión que cambió el rumbo de todo y que en un afán ingenuo de arreglar un problema grave con una solución simple, aceleró el proceso de putrefacción: La declaración de guerra contra el narcotráfico. 
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Ayotzinapa significa “río de calabacitas”. ¿Cuántos de nosotros habíamos pronunciado esta palabra antes del 2014?

No quiero que mis hijos aprendan vocablos en náhuatl para referirse a masacres. 


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