martes, 25 de marzo de 2014

Escusados alemanes

A Mario

En Dortmund había un miedo que nunca se iba. Mayor al de la indigestión provocada por el kurrywurst o al riesgo de quedar congelado en la crudeza del invierno ruhrgebietano, mayor incluso a perder un partido contra el Scheiße 04. Era el pavor a que los excrementos chocaran con el propio cuerpo, ante la forma curvilínea y peculiar de los escusados alemanes. 


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