De noche la ciudad es intermitente, las luces guiñen y si se
pone atención al techo se puede ver un punto rojo diminuto. Aparecen leyendas,
hoyos negros y sirenas de policía.
Al fondo de todo se asoman las colillas de la mancha urbana;
Lerdo, ¿Bermejillo?, Matamoros. El silencio es un espejismo auditivo, los
ladridos de los perros, el chillido del tren y las notas acordionescas perdidas
en el aire le dan voz a la región.
Si se vive este espectáculo con la compañía de alguien
especial el momento puede rayar en lo mágico.
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