Qué gusto que tuvimos tantas semanas cálidas, para beber cervezas igual de frías que el clima en estos momentos.
Qué suerte que por azares del destino decidimos, sin ponernos de acuerdo, que la parte trasera de la iglesia más ecléctica y bonita fuera nuestro lugar de reunión.
Qué conveniente fue para nuestra economía tropezarnos con los kebabs de Ali-Baba, que en poco tiempo se convirtió en nuestro lugar de afters.
Qué bueno que el flautista hippie del centro, don Kopácsy , Carolin Krabs, los jugadores del Borussia y los vagabundos que buscan botellas se hayan cruzado en nuestro camino.
Qué bien nos la hemos pasado... y falta más de la mitad.
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