Cuando pensaba que ya había descifrado suficiente, me había cansado de pensar y había vuelto a empezar… llegó Europa, seductora, refinada, vieja pero con espíritu joven, sabia y fría.
Llegaron los castillos, los jardines, los molinos, las lenguas imposibles de entender, y ahí, en medio del cuento, me di cuenta que quería despertar otra vez en Torreón. Quería que el pino fuera palmera; no quería un diccionario de cervezas, sólo clara u obscura; que los viejos escondidos en asilos salieran a bailar a la plaza de armas; que ese acordeón melancólico tocara algunas notas de cumbia; que la gente dejara de estresarse por relojes y empezara a apreciar los atardeceres.
Hace mucho tiempo que no era tan feliz, vivo muy relajado, pienso en cosas más bonitas, y como un masoquista, quiero dejar atrás este confort, volver al lugar donde hay problemas graves, intentar hacer cosas, creer que en algún momento allá tendremos la paz y la certidumbre de acá; pero con palmeras, con cerveza clara u obscura, con viejos bailando en la plaza de armas una cumbia bajo el cielo color durazno.
eres la hostia! pero no la hostia!!! me alegra haber coincidido contigo en esta gran aventura
ResponderEliminarya has regresado mi Aldo, ahora a darle, a transformar nuestra ciudad. nuestra región, nuestro país.
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