viernes, 14 de junio de 2013

Pensamientos desérticos

1:

Mi ecosistema favorito es el desierto.

El paisaje es hipnótico, lineal pero diverso. Contrario a lo que muchos piensan, abunda la vida.

Tiene una onda lúdica, se burla de nosotros con sus espejismos y es capaz de pasar del verano más deshidratador al invierno más crudo en sólo 24 horas.

2:

Los últimos meses he tenido la oportunidad de pasar mucho tiempo en la carretera.

Del valle de México a la Sierra de Zongolica; de la Huasteca a la Mixteca; de comunidad indígena a megalópolis. Mesoamérica se exhibe: verde, colorida, exuberante.

Hoy, llegando al norte, me quedé mirando por la ventana más de dos horas, enamorado. Ya necesitaba mi dosis de desierto.  


martes, 22 de enero de 2013

La Laguna: la zona más violenta de México


Hace un par de años, cuando Ciudad Juárez aparecía en las portadas internacionales como la ciudad más insegura del mundo, me preguntaba cómo sería vivir en una región así.

¿Cómo era posible llegar a tal descomposición social? ¿Dónde estaban las instituciones? ¿Qué pasaba con las universidades? ¿Por qué había gente que se empeñaba en vivir ahí?

Hoy, tristemente, encuentro todas esas respuestas en mi propia ciudad.

Después de algunas semanas de inactividad (hace dos meses se publicó Muertorreón y necesitaba un break) me sentí obligado a dar mi punto de vista sobre este nada agradable primer lugar nacional. Intentaré resumir algunos puntos por los que considero que llegamos a estos niveles de violencia en La Laguna, tomando en cuenta quién gobierna la región, quién pelea por la plaza y cómo la geografía juega un papel importante.

Para muchos la importancia económica de la región y su ubicación estratégica representan explicaciones para esta disputa. Sí y no.

Si bien se trata de una de las zonas metropolitanas más grandes de México (la novena según el INEGI), existen urbes de mayor tamaño e importancia económica en el norte del país que actualmente cuentan con tasas de homicidios más bajas, como los casos de Monterrey o Tijuana. El tamaño, por sí mismo, no es una variable que determine la violencia.

La ubicación geográfica sí juega un rol crucial, aunque existen plazas con una importancia estratégica mayor. A pesar de que el consumo doméstico ha aumentado exponencialmente y con éste el narcomenudeo ha ganado terreno, el gran negocio sigue siendo el mercado estadounidense. Lugares como Ciudad Juárez, Reynosa, Nuevo Laredo o Matamoros pueden ser más tentadores que La Laguna.

Entonces, si no se puede explicar la complejidad del problema con estas simples hipótesis, hay que analizar a los principales actores y sobre todo poner atención a los problemas estructurales y sistemáticos. Quizás el más importante es que se trata de una zona metropolitana en la que convergen dos estados.

Quince municipios, pero sobre todo dos estados significan legislaciones diferentes, con tiempos electorales que difieren, partidos e intereses que buscan cosas distintas y un número absurdo de corporaciones policiales que impiden acciones unilaterales. Existe un problema generalizado para toda una región, pero dos formas distintas de abordarlo desde el Estado, poca vinculación y un abandono palpable desde las capitales de Coahuila y Durango.

El Río Nazas no sólo delimita una frontera política, también sirve como una línea entre cárteles. Aquí se vuelve a hacer presente nuestra mala suerte, ya que de un lado se encuentra el cartel más grande y poderoso del país (Sinaloa) y del otro el más sanguinario (Los Zetas).

En otras regiones las plazas son disputadas por otras organizaciones, que operan de forma distinta y donde generalmente hay un grupo dominante. Aquí hay un empate macabro, todo el tiempo se intenta superar lo que hizo el bando rival de formas cada vez más sanguinarias.

Finalmente, creo que es importante dejar claro que a pesar de haber cometido muchos errores como sociedad, tampoco destacamos por cagarla más que el resto. La Laguna, per se, no es más corrupta que otras zonas metropolitanas (a pesar de todo lo que se puede escarbar en Coahuila). Tuvimos una pésima suerte geográfica, que nos dejó atrapados entre dos estados, bailando con los dos cárteles más violentos del país.

P.D. Mantengo mi opinión sobre la estupidez que significó empezar (y seguir) haciendo así las cosas. Siempre criticaré esta estrategia deforme e inepta.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Aquí seguimos



Sin alabar regionalismos absurdos, me quito el sombrero ante la gente de esta ciudad. 

Si hace seis años nos hubieran pintado un panorama hacia el futuro como el que tenemos hoy, la gran mayoría hubiera optado por huir, y sin embargo, aquí seguimos. 

Los que nos fuimos volvemos y los que se quedaron aguantan. 

Las cicatrices de la ciudad no le borran la sonrisa. Respirar plomo no la asfixia. 

Para mí es más valiente la gente que se quedó a trabajar y a superar esta crisis o que se fue porque no tenía otra opción, que los soldados que fueron obligados a venir a disparar. 

Ya estamos tocando fondo; falta poco para empezar a levantarnos.

miércoles, 11 de julio de 2012

El candado lagunero

Hoy me obligaron a pensar en Torreón; en todo lo que me gusta y me disgusta. Definitivamente gana lo primero, pero hace falta un poco más de crítica.


Omitiendo las gorditas, el calor, los balazos o el Santos, intenté pensar en algo más esencial, en lo que no es palpable y nos define.
Recordé una de las frases más repetidas en la región: "Vencimos al desierto".
Nos sentimos orgullosos de eso, levantamos una mancha metropolitana de más de un millón de personas en menos de 100 años, como un oasis, en medio de la nada. Somos la cuna de muchas de las empresas más exitosas a nivel nacional y continental. Tenemos, como en el Ruhrgebiet, una cultura industrial.
Quisimos pensar que el desierto nos la pelaba; que el ecosistema que nos dejó formarnos y superarnos nos había obligado a deformarlo y superarlo. Se nos olvidó convivir con él.
Me acordé también del arsénico en el agua, el plomo en la sangre, los 30 millones de pollos y las vacas que superan el medio millón. Los ríos sin agua, la laguna desértica.
Se me ocurrió entonces reformular el slogan expuesto anteriormente, quizás debería de ser: "Nos cogimos al desierto y nos hicimos un candado".
(Para los que no sepan, "el candado" es una posición en la que el pene se introduce en el ano de la misma persona, en otras palabras, nos autocogimos).

lunes, 2 de julio de 2012

Despeñadero


En estos momentos gran parte del país tiene un desmadre emocional; tristeza, desesperación, enojo, incredulidad.

A pesar de que llevamos meses esperando el resultado, escuchando en los medios que Enrique Peña Nieto tiene una ventaja irrevocable y que el PRI volverá a gobernar, saber que esto ya está sucediendo opaca por completo cualquier ilusión.

Después de darle vueltas todo el día pensé en qué hubiera pasado si cualquier otro candidato de nuestra preferencia hubiera ganado. Llegué a la conclusión de que fuera de sentir que tuvimos un triunfo electoral y que logramos escupir la historia que los medios han querido que nos traguemos, el 2 de Julio no es tan diferente al 30 de Junio.

Seguimos siendo un país con graves problemas económicos, con la mitad de nuestra población viviendo en la pobreza, con una guerra contra el narcotráfico que se ha llevado a más de 60’000 personas en el último sexenio y con un futuro muy borroso.

Dudo que con este cambio en el ejecutivo existan grandes mejorías, como tampoco sucedió con los anteriores presidentes panistas. Dudo, por otro lado, que las clases acomodadas tengan algo de qué preocuparse. Creo que seguiremos viviendo en un sistema similar, con un inepto como presidente, pero con la muy celebrada estabilidad macroeconómica del último sexenio. Cambiarán funcionarios, cambiará el color de la publicidad del gobierno federal, pero se seguirá reaccionando lento a los problemas. La clase media seguirá estando en medio y los gritos de abajo serán silenciados con despensas o simplemente no se les acercará un micrófono.

Dudo también que los jóvenes (no hay que ser estudiante ni veinteañero para seguir siendo un joven) nos conformemos. Creo que con el paso de los meses bajará la intensidad de los reclamos, pero los que ya nos paramos no nos vamos a volver a sentar.

Esta bofetada histórica va a provocar que los que queríamos abrir los ojos terminemos por despertarnos. El clima previo al proceso nos demostró que somos muchos los inconformes y que contamos con medios para expresarnos. 

Sería muy ingenuo pensar que todo lo que hemos hecho hasta ahora se quedará en el aire, si ayer fueron las elecciones y hoy amanecimos con Peña Nieto como presidente, entonces esto apenas empieza.

¡Ánimo México!

viernes, 8 de junio de 2012

Torreón puede ser que sea


Torreón es un lugar intermedio, un purgatorio, ¿un surrealista o un bipolar?

Un lugar que piensa poco, pero que tiene problemas graves; puede ser que le guste simplificar sus respuestas.

Un lugar que se va a los extremos y es poco amable en sus estaciones del tiempo; puede ser que disfrute de la discrepancia.

Un lugar que tiene todo para hundirse, pero sale a flote e incluso florece; puede ser que se burle de los pesimistas. 

jueves, 7 de junio de 2012

La responsabilidad pesada


Lo más comprensible es que en un problema tan heterogéneo y con tantos matices, con tantos dimes y diretes, con tantos muertos, persistan dos sopas.

Hay gente que defiende las balas disparadas bajo la creencia de que a largo plazo se cosecharán los frutos. Hay gente que vela al presente y levanta la voz contra los tristes sucesos que ocurren en este momento.

Existe algo que rompe la tensión; la realidad actual. Los resultados a corto, mediano o largo plazo, pasan a ser lo que son, momentos indefinidos. El presente grita y se manifiesta.

Jugando con números fríos, hay 60’000 fantasmas más que hace 6 años (según las cifras oficiales).

El promedio de integrantes en cada familia mexicana es de 4 personas, entonces (2x4=24) hay 240’000 personas afectadas por un deceso en su familia nuclear.

Esas 240’000 víctimas conocían a muchas más personas, ahí sí es incalculable el número de afectados indirectos.

Todos esos millones de receptores están conscientes del desastre, estas “víctimas colaterales” tienen nombres, apellidos, edades, opiniones y sentimientos que justifican y legitiman cualquier reclamo al ejecutor de esta guerra.

Nadie es prescindible en esta democracia fallida, nadie es reductible a un número, a una tendencia ni a una categoría improvisada por un gobierno sin pies ni cabeza, ninguna guerra es la respuesta a los problemas sociales, ningún estadista puede ver a los ojos y sostener su opinión ante un afectado.

El rumbo no se corrigió… el problema quedará para el que sigue. Por ahí se escucha un eco que clama juicio político.